Las 5 Etapas de Nuestra Evolucion Espiritual y El Karma


Las 5 Etapas de Nuestra Evolucion Espiritual y El Karma

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El karma funciona en todos los aspectos de la vida. En su libro Wisdom of the Mystic Masters (La sabiduría de los maestros místicos) Joseph J. Weed expresó las siguientes relaciones entre causa y efecto que funcionan en la ley kármica:

⦁           Las aspiraciones y deseos sé convierten en capacidades.

⦁           Los pensamientos repetidos se vuelven tendencias.

⦁           La voluntad para llevarlos a cabo se convierte en acción.

⦁           Las experiencias dolorosas se convierten en conciencia.

⦁           Las experiencias repetidas llevan a la sabiduría.

 

El problema del karma es que puede oscurecer los propósitos más elevados del alma aun cuando sus rodeos y escalas proporcionen los medios para lograr ese propósito. La cacofonía kármica que acompaña todas las luchas personales de la interacción humana con frecuencia ahoga el tema de fondo de nuestras vidas: la lucha interior del alma por conocerse mejor. Para expresado con otra metáfora, es como si todos condujéramos vehículos por la gran ruta de la evolución pero se obstruyeran los puntos de llegada con las congestiones del tránsito kármico. En la vida entre las vidas, el conocimiento del propósito está siempre a mano. La expresión terrena de la búsqueda del cumplimiento del destino, sin embargo, se despierta en forma progresiva mediante la “investigación del alma”, la que parece avanzar en cinco etapas características que pueden extenderse a lo largo de muchas vidas. Esas etapas son:

  1. El materialismo: La búsqueda del bienestar físico, del estado dominado por las ansias sensuales. Se tiene poca consideración por los sentimientos de los demás y no existen objetivos filosóficos.
  2. La superstición: La toma de conciencia de que existen fuerzas y entidades más grandes que uno. Prácticamente nada se sabe sobre ese poder omnisapiente; sólo se percibe que hay algo que no puede controlarse excepto, quizá, mediante amuletos y rituales. Continúa prevaleciendo el estilo materialista de vida.
  3. La ortodoxia: La práctica simple, supersticiosa y rígida de la creencia en Dios Todopoderoso. Esa idea se adapta para la vida. Se cree que con las plegarias, la práctica del ritual y ciertas formas de comportamiento se garantiza la recompensa suprema: un lugar en el cielo o la vida eterna. Por lo general se requiere de un líder para que interceda ante Dios Todopoderoso para apaciguado. Importa poco si el líder es un gurú que usa turbante o se llama Jesucristo; se necesita a alguien que exprese, dirija y defienda una convicción fundamental.
  4. La filosofía: El despertar temprano a la conciencia de la propia responsabilidad. Se mantiene la convicción religiosa, pero se juzga que no basta atenerse al dogma. Esta etapa está señalada por el respeto por la vida, la tolerancia de las creencias de los demás y la comprensión de las enseñanzas más profundas de las religiones ortodoxas.
  5. La persecución: Predomina la tensión interior y la angustia que surgen del deseo intenso de entender el sentido de la vida. Hay conciencia de que existen un significado y un propósito de la existencia, y aparece la incertidumbre sobre los medos para adquirir esos conocimientos. La búsqueda de las respuestas suele tomar la forma de leer muchísimo, estudiar y asociarse con grupos metafísicos y místicos. El nombre de esta etapa se ha tomado del Sermón de la Montaña, de Cristo, y de la frase: “Benditos sean los perseguidos” (Mateo 5:10).

 

Cuando van cumpliéndose las etapas, el individuo entra en el camino de la evolución. La evolución puede compararse con una altísima montaña surcada por caminos, algunos más transitados que otros. Esos caminos pueden ascender por el Oriente con la contemplación y la meditación, o por Occidente mediante el misticismo y la metafísica intelectual.

 

En tanto subsista el deseo de ser, hacer o poseer, la consecuencia kármica continuará. Cuanto mejor se entienda la ley del impulso, más podrá preverse cómo las motivaciones, actitudes y conducta personales están elaborando las condiciones kármicas. Hasta Buda, que derivó mucho de su filosofía de las sagas hindúes, todavía sufrió por el largo brazo del karma ante el gran asombro de sus discípulos. Un día, cuando una espina de cacto penetró en uno de sus pies, unos desconocidos hablaron mal de él y nadie puso una limosna en su cuenco, le pidieron a Buda que explicara su karma como lazo con vidas anteriores. Buda dijo:

 

… los lazos del karma, como verdaderos siervos, siempre están junto a las criaturas… El karma es como la corriente del tiempo. Nunca puede interrumpirse su curso en la persecución constante del hombre. Largas son las ramas del karma; nuevas y sin embargo cubiertas de antiguos frutos; es un maravilloso compañero de todas las criaturas y sin embargo no puede cambiarse. Si se tira de sus ramas, se las arranca, se las parte, se las tuerce, se las frota o se las divide en átomos, nunca se destruyen.

 

Buda estaba explicando claramente que los grandes triunfos nunca borran los errores de las vidas anteriores. Una ley es una ley y no se puede cortar camino hacia la sabiduría: el objetivo de la circunstancia kármica. ” … El karma del hombre viaja con él como su sombra. En realidad es su sombra pues se ha dicho: ‘El hombre está en su propia sombra y se pregunta por qué está oscuro’.” Eso escribió Alan Watts en The Spirit of Zen (El espíritu del Zen). Pues para que el karma termine, deben saldarse las viejas deudas y no deben crearse otras nuevas. Y la única forma de equilibrar las cuentas de muchas vidas es adoptando con sinceridad los preceptos de amor y generosidad. Como dice Joseph Weed:

 

Mientras exista el menor egoísmo en cualquiera de nuestras acciones, mientras seamos buenos porque esperamos la recompensa, deberemos volver aquí para recibirla. Cada causa tiene su efecto, cada acción da su fruto, y el deseo es el lazo que los une. Cuando se rompe el lazo y se quema, termina la conexión y el alma queda libre.

 

La conclusión más importante que se saca de la idea del karma es que el azar no ha tomado parte alguna en el arreglo de las circunstancias en las que nos encontramos. En la Tierra somos la personificación de las elecciones que hemos hecho en el bardo. Nuestra decisión tomada en el estado incorpóreo  nos ha asignado nuestra situación en la vida, mediante la inclinación subsconsciente, y continúa presentándonos las flores y las piedras del destino. Convencerse de la verdad de la ley del karma es aceptar el estado de cosas en que uno mismo se ha colocado, por difícil que sea. El individuo busca desafíos y desastres sabiendo que contienen las oportunidades para aprender y evolucionar.

Este video se encuentra aquí: https://youtu.be/sLxQiPpxf2k

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