Ella Era Incapaz de Sentir Amor


Ella Era Incapaz de Sentir Amor

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Bajo la delicada firmeza con que tocaba el piano, su origen social, encanto, popularidad y atractiva belleza, Isabel tiene profundos problemas psicológicos. Es una concertista muy talentosa, tiene todo lo que una mujer joven desearía y sin embargo es egoísta y autodestructiva y parece incapaz de sentir y entender el verdadero amor. Quizás se deba a que su infancia estuvo desprovista de afecto. Quedó huérfana siendo muy chica y fue criada por un ama de llaves que le envidiaba la fortuna y la belleza.  

A los diecinueve años, Isabel cruza el Atlántico para estudiar piano en una academia de música de la ciudad de Nueva York. El año es 1924. Su representante es un ruso llamado Nickolaus y ha conseguido varios recitales para ella en Estados Unidos. Pero poco después de su llegada a Norteamérica comienza a disminuir la dedicación de Isabel a su profesión. Se siente atraída por el estilo de vida social, las fiestas con mucha bebida y la promiscuidad sexual que cada vez le toman más de su tiempo.  

Cuando Isabel vuelve a Inglaterra decide casarse con Nickolaus que, al ser como un padre para ella, representa su única seguridad. Pero ya ha establecido su manera de vivir y continúa teniendo aventuras amorosas en Londres y en el Surde Francia. Su desorientación sexual termina cuando conoce a Robert en una fiesta en un yate en el Mediterráneo. Vuelven juntos a Londres y cuando Isabel descubre que está embarazada quiere huir con Robert. Entonces tiene una discusión muy fuerte con Nickolaus. En medio de la pelea, Isobel se va precipitadamente de la casa de Londres. Más tarde, cuando ya llevan varios días juntos ella y Robert, después de haber escapado en el Bugatti, se entera Isabel de que Nickolaus ha muerto pues la discusión que tuvieron le provocó un ataque cardíaco masivo… 

 

Heather tomaba conciencia de que había heredado mucho de Isobel, tanto en predisposiciones como en deuda kármica. Se había criado en la ciudad de México, tocaba el piano y le habían dicho que tenía talento para eso y se había inscripto en la mejor escuela de música de México. A pesar de lo intrigante que resultaba la existencia de conexiones entre vidas diferentes, había algo que Heather prefería olvidar: la imagen recurrente del cuerpo quemado de Isobel, lleno de compresas de gasa. Esa visión aterradora llevaba implícita la pregunta: ¿había sobrevivido Isobel? La respuesta que llegó en una sucesión de trances produjo pesadillas y llantos cuando vio la horrible degradación de la bella  y dotada concertista en la mujer mutilada y suicida, aislada de la sociedad frívola que una vez la había halagado y adorado. Lo que sigue es un resumen de lo que cuenta Heather en su diario sobre los episodios más significativos que vio en trance:

En el invierno de 1933 Isobel está viviendo con una enfermera y dos personas de servicio en una  casa a orillas del mar cerca de la ciudad de Rye en Sussex, Inglaterra. Isabel se desplaza con mucha lentitud y dolor. Su expresión vocal está limitada a unos penosos murmullos.

Me esfuerzo y la miro de cerca: ¡qué horror! Su rostro está quemado y distorsionado. Usa un largo chal de seda de color durazno alrededor de la cabeza y el cuello. La mano derecha, cubierta de llagas y piel arrugada, parece inútil En la casa hay un piano, pero han terminado los días de pianista de Isabel. Con la mano izquierda pinta acuarelas de flores con un estilo semi realista. Muchas veces Isabel ha pensado en poner fin a esa vida de penurias y esas ideas se afirman cuando la visita Eleanor, una “amiga” de Londres, muy a la moda. Eleanor está sentada en el diván bebiendo té y abriendo las heridas de Isobel con sus comentarios.

-Todos hablan de la ruina de tu belleza y de tus manos, querida Isabel. Por supuesto que en cuanto dicen algo desagradable de ti les digo lo equivocados que están. Yo no creo que podría vivir como tú. ¿Cómo puedes soportarlo, querida? ¿Cómo puedes soportar mirarte?

No mucho después Isobel sale de la casa en una noche ventosa de invierno. Con el granizo dándole en la cara, cruza el terreno que separo su casa de la costa y camina penosamente mirando el mar turbulento. Por unos escalones de madera, resbaladizos, desciende a una playa de cantos rodados. Lenta, decididamente, entra caminando en las aguas arremolinadas y sigue, sigue caminando…

 

Las depresiones de Heather estaban ligadas en forma directa con aquella noche amarga en que caminó por última vez sobre la tierra como Isobel. Después de experimentar en el trance la tumba de las aguas del Canal de la Mancha, no volvieron a afectada las oleadas de depresión. Con gran sorpresa, Heather recordó haber escrito una composición en la que describía la muerte de Isobel con todo detalle. Como escolar, había dado rienda suelta a sus sentimientos y pensamientos sin importarle que pudieran parecer extraños. “Debes sentirte muy desgraciada”, le había dicho la maestra. Tomando el comentario como una crítica, ahogó su deseo de escribir historias y reprimió durante muchos años el recuerdo, aparentemente espontáneo, del suicidio de Isobel.

Ahora que se había revelado la naturaleza de la muerte de Isobel, los problemas psicológicos restantes de Heather se hicieron más claros para el doctor Whitton, que perseveraba en la búsqueda de resonancias capaces de curar. Con su guía, Heather pasó varias semanas haciendo el inventario de diecinueve vidas anteriores. Incluían la de un artista rupestre del 13.000 a.C., en Dordogne, Francia; un artesano de Egipto, antes de las dinastías, por el 3100 a.C.; un artesano paupérrimo de Changan, China, dos siglos antes del nacimiento de Cristo;  una romana que murió al dar a luz en la provincia imperial de Lusitania 2500 años a.C,; una sacerdotisa druida del siglo XIT, de Bretaña, Francia; y una mujer noble, francesa, que fue cruel-

mente asesinada en España. En muchas de las vidas Heather se dedicaba al arte en alguna forma como en

la vida presente. Pero ninguna existencia daba idea de por qué se sentía paralizada en esta vida ante la idea de la creación artística.

Además de la existencia de Isobel, la única vida que parecía tener una ligazón directa con el problema de Heather fue una especialmente fea durante el reinado de Fernando II. La autohipnosis reveló a una mujer noble, llamada Evangeline, que viajó a Castilla, donde conoció, se enamoró y se casó con un noble español que estaba comprometido con otra mujer, a quien Heather reconoció como su madre en esta vida. Entre  las dos mujeres se desarrolló una aguda rivalidad que culminó en una conspiración contra Evangeline, acusada ante el Tribunal de la Inquisición. El estómago de Heather se rebelaba cuando registró las últimas horas de Evangeline en una mazmorra del Alcázar de Segovia, en España:

 Se desvanecen visiones de escenas confusas, las antorchas encendidas colocadas en soportes en los muros de la prisión. Más luz proviene de un brasero ardiente exponen en las llamas hierros y tenazas. El olor de carne quemada flota en el aire. En un rincón, una mujer de pelo oscuro está hablando con unos hombres que usan capuchones… Evangeline está suspendida por las muñecas de unas esposas de hierro unidas a cadenas que cuelgan del techo. Siente como si le hubieran arrancado los brazos; la cabeza ha caído hacia adelante. La desnudan hasta la cintura y  le queman la piel. También le han quemado los ojos. Descuelgan el cuerpo inerte de Evangeline, lo envuelven en arpillera y lo llevan a una celda. Mucho después que han cerrado la puerta, Evangeline comienza a recuperar la conciencia y, más tarde, aparecen las ratas que muerden su cuerpo. No tiene fuerzas para alejarlas…

 

La escena dejó a Heather sumamente alterada. Escribió:

 Gritaba en ese trance y estuve a punto de vomitar… ¿Por qué me hacen efecto físico esas escenas? Escribo con mucha dificultad. Mis brazos están casi paralizados, casi inútiles…

Este video se encuentra aquí: https://youtu.be/2HSXpvh0LKo ===============================================

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