El Karma Es Una Escuela De Golpes


El Karma Es Una Escuela De Golpes

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El Karma Es Una Escuela De Golpes – La Vida Entre Las Vidas Video 14

El aula cósmica

 

“Elegimos nuestras alegrías y penas  mucho antes de experimentar/as.”

 

KAHLIL GIBRAN, Arena y espuma

 

El envión es esencial para la evolución personal. Sin eso no habría aprendizaje, no habría nada que dirigiera el alma entre la miríada de experiencias que aparecen en el transcurso de los viajes de encarnación en encarnación. Ese impulso, su ímpetu, es totalmente autogenerado y se conoce por una palabra sánscrita que se ha instalado con firmeza en otros idiomas: “karma”.

El karma es lo que los individuos han puesto en movimiento por sí mismos de vida en vida, por sus motivaciones, actitudes y conducta. Aceptar la idea del karma desecha la noción de que los seres humanos son meros peones en el ajedrez cósmico. Aceptar el karma es reconocer que el mundo es donde  actúa la justicia natural: no puede haber injusticia, desigualdad y desgracia si todos los estados del ser humano surgen como resultado directo de la conducta pasada. El karma une la responsabilidad por uno mismo a la ley de causa y efecto; las acciones en las vidas dan forma y contenido a la continuidad personal y al destino de cada uno. Dijo Gautama Buda: “Si quieres conocer el pasado, mira tu vida presente. Si quieres conocer el futuro, mira tu vida presente”.

Por su definición tradicional, el karma es un sistema de justicia sobre la base dela retribución que perpetúa el renacimiento y determina la forma y lugar de cada encarnación sucesiva. Los antiguos enseñaban que el karma sigue una filosofía del tipo “ojo por ojo”, que sostiene que tarde o temprano el individuo experimentará las alegrías y las penas que creó para otros. Pero según los sujetos del doctor Whitton, la vida no tiene que funcionar de esa manera. Los que han visitado el bardo insisten en que el karma es esencialmente aprendizaje. Es el principio que hace funcionar todas las cosas que hacen posible el desarrollo del alma. Aprender es vital, pero la forma en que se realiza el aprendizaje -sea por un intercambio violento, por la dedicación laboriosa o la introspección refinada tiene poca importancia. Por cierto que el servicio es fundamental para el proceso. La declaración “cuando ayudas a otros te ayudas a ti mismo” surge como la base de la ley kármica. Jesucristo aconsejaba “amaos los unos a los otros”. No  existe mejor consejo para los que buscan el camino más directo para reducir la acumulación kármica.

Mientras que los hindúes y budistas en sus textos representan a la humanidad atada a la rueda del renacimiento por las correas del karma, los sujetos del doctor Whitton presentan una visión más instructiva del funcionamiento del karma. La representación es la de toda la raza humana trabajando en un aula cósmica en la que, vida tras vida, aprendemos lección tras lección. Todos somos a la vez alumnos y maestros y tenemos el poder, por nuestras acciones, de dirigir nuestro propio curso de aprendizaje. Ese es en esencia el mensaje del Brihadarunyaka Upanishad:

 

Como un hombre actúa, en eso se convierte…

Lo que un hombre desea, así es su destino.

 

Las pautas kármicas se forman como resultados de los esfuerzos del alma por mejorarse mediante determinados obstáculos. Esas pautas influyen mucho en la elección y la planificación personal de las reencarnaciones sucesivas. En el estado de vida intermedia el alma revista su desempeño en el curso  de muchas vidas y elige resolver o afinar ciertos hechos en la próxima vida. Si bien los errores del pasado enfrentan al alma en el bardo, casi todos los ajustes kármicos sólo pueden efectuarse volviendo a la existencia física y al reencuentro, en muchos casos, con aquellos con los que ha establecido el karma.

Históricamente el karma ha sufrido transformaciones profundas en los pasados cinco mil años. Los antiguos egipcios presentaban la justicia kármica como el frío balance del libro de las acciones morales según el cual se castigaban las maldades. ”Tu acción te juzga” se declara en el verso veintiocho de

La instrucción de Ptahhotep, que data del 2600 a.C. El Viejo y el Nuevo Testamento tampoco se comprometían a nada y expresaban un agudo gusto por la venganza. La Revelación 13:10 dice: “Aquel que condujo a la cautividad será cautivo; el que mató con la espada, morirá por la espada”. Los siglos  después de Jesucristo vieron una interpretación más refinada de la ley arcaica. Los gnósticos cristianos y los hebreos cabalistas entendieron el karma como una ley de las compensaciones.

El que matara a otro no estaría condenado a morir de la misma manera, pero se esperaba de él que compensara su mala acción de alguna manera, quizá volviendo en una vida futura para atender a los moribundos y mutilados.

Una tercera interpretación, que sigue teniendo validez en el presente y que se cree se originó en el misticismo europeo durante la Edad Media, declara que el karma es simplemente un proceso de aprendizaje; una “escuela de golpes” que proporciona conocimientos mediante prueba y error. La comisión de un asesinato pondrá en marcha acontecimientos que no necesitan ni de una víctima ni de la compensación activa. Cualesquiera que sean las repercusiones, enseñarán al asesino que al actuar como lo hizo sólo ha sido auto destructor; que al destruir el cuerpo físico de otra persona ha retardado su propio progreso espiritual.

Los inventarios de la vida pasada de los sujetos del doctor Whitton tienden a reflejar las tres interpretaciones del karma; la del “ojo por ojo” se manifiesta en los primeros estados de la evolución personal. Los sujetos mismos, llevados al estado de vida intermedia, hablan del karma como de lo que han creado para ellos mismos como medios para refinar poco a poco sus naturalezas. Una y otra vez, en trance, han declarado que deben pasar por ciertas experiencias para purgar imperfecciones y avanzar en la evolución. El manejo de esas experiencias determina el progreso que hayan hecho y, si no han aprendido, debe repetirse la situación. La práctica se perfecciona en el aula cósmica. Veamos algunos ejemplos del archivo del doctor Whitton que muestran cómo la necesidad kármica llega a través de centurias:  Por regresión a la vida pasada, Ben Garonzi volvió a experimentar una sucesión de vidas femeninas y masculinas en las que mataba a quienes lo trataban mal. En esta vida participaba otra vez de una situación repugnante en la que debía optar entre adoptar o no una solución violenta. De niño lo habían tratado con brutalidad y Ben creció odiando al padre tan intensamente que a la edad de dieciocho años estuvo cerca de matarlo. Una noche el padre estaba enloquecido por el alcohol. Ben fue a la alacena y tomó una cuchilla de trinchar con la intención de cortarle la garganta. Pero escuchó una voz interior que le hizo cambiar la idea y guardó la cuchilla. La decisión de no matar fue un punto de inflexión en la vida de Ben. Desde ese momento, la ambición reemplazó a su característica falta de objetivos, se hizo más emprendedor y siguió una carrera que le proporcionó responsabilidades administrativas.

 

En la vida intermedia Ben aprendió que estaba envuelto en circunstancias kármicas que fueron diseñadas para enseñarle a soportar la provocación más fuerte sin recurrir a la violencia.

Descubrió que había elegido esa infancia difícil sabiendo que sería puesto a prueba por un padre que había figurado en una serie de relaciones antagónicas en encarnaciones previas. En el bardo, Ben fue consciente de una voz que decía “Si esta vez actúas bien, las cosas andarán bien para ti. Si no, tendrás que vivir en un ambiente de mayor intensidad aún”.

 

Ben comprendió enseguida que al actuar bien con su padre en el incidente crucial con la cuchilla de trinchar, había triunfado en una situación kármica. Pasando por su propia prueba, se había librado al fin de una pauta errónea en sus vidas.

Este video se encuentra aquí: https://youtu.be/PI7MM_KZJYA

Este relato de una regresión a vidas pasadas, ha sido inspirado por el libro La Vida Entre Las Vidas de Joel Whitton