El Fin De Las Alergias

El Fin De Las Alergias

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El Fin De Las Alergias – La Vida Entre Las Vidas Video 22

Cuando Heather se alejó de la máquina de escribir y volvió a tirarse en la cama no podía saber que estaba a pocas horas de una magnífica mejoría. Primero llegó el sueño; el agotamiento superó a la agitación. Durmió hasta las seis de la tarde, en que abrió los ojos pesadamente para descubrir que estaba respirando bien sin ayuda de las píldoras antialérgicas. Y más aún: habían desaparecido la jaqueca y el zumbido habituales.

También la opresión del pecho. Temía más claro el cutis. Al principio Heather no podía creer en su buena suerte. Tampoco el doctor Whitton, cuando escuchó el relato de Heather por teléfono. Cuando durante dos días no sintió síntomas de alergia, sin tomar remedios, Heather salió de casa aventurándose en el ambiente exterior con sus rachas de viento. Su diario registra la transformación:

 

Jueves 4 de setiembre de 1979. Vi a K. después de mi lección de canto. Estuve entre pieles de gatos, respirando el humo del cigarrillo de ella sin un estornudo ni una tos y después no tuve que tomar ninguna píldora antialérgica. Esto es único y me produce gran placer. 

Martes 20 de setiembre de 1979. Vi a la doctora H. hoy. Me resultó muy difícil explicarle cómo de repente se fueron mis alergias. Las dos reímos mucho y ella está encantada de que no tenga que tomar las píldoras. La enfermera notó que mi cutis está mejor. 

 

Aunque Heather estaba contentísima con el evidente retroceso de sus alergias, estuvo tres semanas con ataques de llanto, pesadillas y depresión. Durante ese tiempo ella se retrajo a su mundo privado desatendiendo el consejo del doctor Whitton, quien, sin saber qué era lo que se había activado en el inconsciente de Heather, prefería ser cauteloso y no optimista, si bien esperaba que la mejoría espectacular de la paciente no fuera sólo temporaria. Cuando Heather se sintió lo suficientemente estabilizada como para acudir a las sesiones, el doctor Whitton no perdió tiempo y enseguida la puso en trance. Quería ver por sí mismo el accidente…

 

Isobel y un hombre llamado Robert están yendo en auto velozmente hacia el sol de la tarde que brilla con esplendor contra el horizonte del Mediterráneo. Están enojados y discuten agriamente. Isobel está embarazada de Robert y quiere casarse con él; Robert no tiene la menor intención de hacerlo. En su furia, Robert desprecia el peligro de  las curvas cerradas que presenta el camino a lo largo de la costa entre los Alpes marítimos y Juan Les Pins. Al final de una de esas curvas, el camino endereza bruscamente hacia el nordeste. El Bugatti convertible va muy velozmente. El auto choca contra una barrera baja, vuela por el aire y cae rebotando en el arrecife, arrancando arbustos y árboles chicos. Algo explota en el vehículo cuando se destroza contra el suelo. Robert está apretado por el volante y muere instantáneamente. Isobel es arrojada afuera desde el asiento a un suelo de arena en el que yace inconsciente. Hay más explosiones. El humo y las llamas envuelven el costado derecho de Isobel. El vestido y el pelo de Isobel  son presas del fuego y las llamas lamen el lado derecho del rostro… 

 

El impacto del accidente había sido más que suficiente para Heather. Estaba otra vez conmovida, arrasada por el drama como podría estado un observador. Pero ella era también la víctima del accidente, tosiendo y farfullando mientras los pulmones de Isobel eran atacados por el humo caliente y negro  que salía del automóvil incendiado. Sabiendo que podía retirarse del estado hipnótico cuando quisiera, Heather contempló el rescate, la gente que se agrupaba, los vehículos “de formas cuadradas” que eran los camiones de los bomberos franceses y la ambulancia, con “campanillas en lugar de sirenas”.

Desde un camino más bajo llegaron cuatro hombres con una camilla para transportar a Isobel.

Heather deseaba evitar lo que se acercaba. Pero no era fácil desviar la mirada interior ahora que estaba

llegando al corazón de sus males. El deseo de mirar fue irresistible…

 

Isobel yace en el cuarto de un hospital. Hay enfermeras con uniformes blancos que empapan grandes vendas de gasa y las colocan sobre partes del cuerpo enrojecido y lastimado… Isobel se queja del dolor. Todo su costado derecho está quemado. El ojo y la ceja derechos están dentro de una hinchazón deforme que destila algo rojo. Las enfermeras siguen aplicando las compresas y quitándolas con mucho cuidado. Están diciendo que van a darle toda la morfina que necesite. Pero sienten que la paciente, que ha abortado en el accidente, morirá dentro de las veinticuatro horas… 

 

Heather emergió del trance sintiéndose enferma físicamente y el doctor Whitton esperó varios minutos antes de decirle que creía que ella había llegado al corazón de su problema alérgico al volver a experimentar la inhalación de los humos provenientes del auto incendiado. Por supuesto que Heather  se sintió contentísima por haberse liberado de las alergias, pero las conocidas “oleadas” de depresión parecían redoblar su intensidad. Además parecían inextricablemente enlazados los terribles recuerdos del trance con las olas de desesperación.

Mientras Heather se esforzaba en medio de la tensión producida por el despertar del recuerdo, se volvía más y más curiosa respecto de Isobel, y se sentía con la compulsión de satisfacer su curiosidad. El doctor Whitton la alentaba a investigar esa vida porque creía que existía una buena probabilidad de que Isobel fuera también la solución de las depresiones.

Durante las semanas siguientes, cada trance hipnótico de Heather le daba más información sobre Isobel y la vida que llevó hasta el accidente. La experiencia no era siempre agradable.

En realidad, cuanto más sabía Heather sobre Isobel, menos le gustaba esa personalidad de su vida pasada…

Este video se encuentra aquí: https://youtu.be/PpD91nb2Bjc ===============================================

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